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martes, 11 de septiembre de 2007

EL SARGENTO GONZALVES ENTRA EN ACCION

Era casi permanentemente el oficial de día. Aparentaba ser un hombre bonachón, sencillo, cordial pero algo distante o desconfiado y su aspecto físico, gordo, bajo, cabello canoso abundante y semiondulado así parecía confirmarlo. Y la verdad es que resultó así. Le había visto más de una vez. Siempre me saludaba con un "bon dia" y nada más Y cuando se iba por la tarde-noche, después de cenar se despedía con un "boa nocte". 
 Era viernes. A eso de las 11 de la mañana se me acerca, "da su permiso" y se sienta al lado mío en su -mi- habitación. "Pensaba que el señor padre podría venir mañana a comer conmigo en mi casa con mi esposa y mis dos hijos... en mi casa. Es muy sencilla pero mi esposa es muy creyente y además le acogerá de mil maravillas. !!¡¡¿¿??... Bueno los hijos mañana no estarán... Así estaremos más tranquilos para poder charlar con vd. y ver qué podemos hacer para ayudarle. !!!!¡¡¡¡ Entonces, si le parece , mañana cuando vayamos al hotel con el jeep del cuartel le llevaré a casa. No se preocupe, mi esposa lo tiene todo organizado, y yo por mi parte, por el cuartel, por el hotel y por el oficial de reemplazo también. -De acuerdo, pero tengo cierto miedo que no suceda alguna contrariedad y las cosas se me compliquen más. El sargento Gonzalves me hizo un indicación de silencio; paso un oficial le saludó militarmente y ambos se fueron. Al día siguiente, sobre las 11.30 apareció y sin ninguna preocupación me llamó. Subimos la jeep, camino de su casa. Allí estaba su esposa (no recuerdo su nombre) muy amable atenta y cuidadosa de su casa.
 Lo importante no fue la comida sino el plan previsto y preacordado con su esposo. Mañana, dijo, le acompañaremos a la misa de 11.00, la del sr. Obispo. Él le esperará después en la sacristía, para tener una entrevista, breve pero suficiente para que le conozca. Y él ya dirá después lo que se puede hacer. Mi cara debía parecer una caja de sorpresa y de miedo, aliñada con desconfianza, pero acepté sin hacer comentarios. Fuimos a misa, tal como estaba previsto. Me entrevisté con él en la sacristía. Fue muy breve. Me tomó mis datos, mis direcciones de España y de Brasil y de Bolivia y se acabó la entrevista. Le agradecí el interés... al irme ,como quien no da importancia a lo que va a decir, me comenta mañana a las once estaré en el cuartel, pediré por Vd. y hablaré con el Comandante en Jefe. Lo único que acerté a decir fue. MUCHAS GRACIAS!  De regreso el sargento ni me comento la entrevista. Fuimos de nuevo a su casa. Comimos y me devolvió al cuartel. El lunes a las 11.30 el sr. obispo no apareció ni el martes, ni el miércoles. Ni el sargento Gonzalves. Mi "estancia" volvió a complicarsae... como ya me suponía.