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miércoles, 7 de abril de 2021

Y CAMBIAMOS DE ESCENARIO YA EN EL CENTRO DE BARCELONA

 Ir a los jesuitas de Sarriá era un reto para los alumnos y un orgullo para los padres. Incluso entre los padres  jesuitas de San Ignacio y los de Caspe (el otro colegio en el centro de la ciudad) había una sana rivalidad. Esto de rebote nos exigía más a los alumnos, que teníamos la suerte de tener un colegio tan bueno, tan grande, con tantos patios, con tantos profesores y con tanto frío en invierno que hasta que no se nos caían los lápices y bolígrafos de los dedos, no ponían la calefacción.

Pero todos contentos y felices.

Me olvidaba del profesor José María Vigo Trunas, que apodábamos el metro cúbico. Ya se entiende por que. Conseguimos ponerle un sillón  que tenía una pata delantera un poco más corta, y como no llegaba con los pies al suelo, al inclinarse hacia adelante, la pata corta cedió, le desequilibró, y rodó literalmente por la tarima. El suelo le frenó. No se hizo daño, ni lo comentó con nadie; Nos regañó, no nos castigó, y nos pidió que no lo hiciéramos mas. Y no lo hicimos. Era muy buen persona, reconozco que no se merecía esta broma con mala pata.

Sin embargo: ¡ San Ignacio de Sarriá  era el mejor colegio de Barcelona!

De la calle Duquesa de Orleans hicimos un salto para ir a vivir al centro de Barcelona. Mi padre ya tenía coche (un ford T) Y podía ir a la Escuela Industrial en la calle Urgel, con él.

Fuimos a vivir a la calle Balmes nº 10, 3º 2ª . Un piso grande, aún existe, aunque no tenía ascensor. Mi padre pudo colocar el piano de cola (lo tocaba muy bien) en el salón y para fiestas especiales daba pequeños"conciertos " para la familia. Era un amante de la música, al igual que su hermana la tieta Pilar, que tocaba el violoncelo y llegó a formar en los años 50 una orquesta femenina de nombre Isabel Lacalle(creo recordar).  

Justo antes de la guerra civil  salió con un grupo de chicas, solo chicas, y tocó en París y en Bruselas. Tuvo que esperar el fin de la guerra  para poder regresar a España, y fue directamente  a Galicia donde estaba su marido. Concretamente  a la freguesía de Cea, en el consello de Vigo, según cree mi memoria y mi ortografía.

El se llamaba Jesús Sevillano, un hombre "recto" honesto,Jefe de correos en la Rda. Universidad, a cinco minutos del domicilio de mis padres, corpulento y muy amable conmigo. La tieta también y cuando conoció a Linda, la trató siempre con exquisita delicadeza y mucho cariño, y lo digo ya que lo manifestó más de una vez delante de mi madre y mis hermanas en diversas ocasiones y situaciones. (DEP). Cuando entré al Noviciado, ella , antes de irme, me llamó a su casa. Fui y me dijeron los dos: si un día te das cuenta de que te has equivocado, en casa siempre tendrás comida y una habitación, si tus padres no aceptasen tu error.

 Y ya  por acabar- "esta pequeña digresión", el tiet Jaume era médico, al igual que su esposa, y tocaba, si mal no recuerdo, el saxo. Como médico para mí era el mejor. Sólo verlo  ya me curaba, y así me salvó de una apendicitis aguda a los 16 años. 

Ir a vivir al centro supuso muchos cambios tanto familiares como de comportamiento.

Estábamos en el centro, centro, de Barcelona. Y/ el día a día no tenía nada que ver con Caldas, ni con Sarriá. Yo me enamoré de Barcelona. Me sentía libre en la ciudad.

Mañana, si Dios quiere os cuento.

sábado, 13 de marzo de 2021

...YO SEGUIA EN CALDAS Y EN LA TORRE MARIMÓN.

 La marcha de mi hermano al internado de los jesuitas de  de Sarriá fue un duro golpe para mi.

Papá ya nos había enseñado a jugar al ajedrez, por esta razón jugaba también con mi hermano y mi abuelo Esteve.

Eran momentos apasionantes, yo me quejaba de que si le ganaba, el daba un golpe "sin querer", se caían las piezas e irremediablemente decía"ahora que ganaba", y me ofrecía una revancha.

Las veces que me quedaba a dormir en su casa, fueron bastantes, lo mejor era: la partida de ajedrez, la cena que preparaba l'avia Pepeta (Josefa), escuchar la radio en el comedor, la radio pirenaica y dormir en una cama grande, toda para mi. y registrar el segundo piso, había algún ratoncito, tomates de rama colgados, racimos de uva, y unas cajas grandes llenas de periódicos de la época de la ante-guerra y post- guerra.  Por la mañana sus desayunos eran "el no vas más": huevos fritos, con patatas fritas, un poco de jamón o bacón a la plancha y un buen vaso de leche con azúcar, sin olvidar la tostada con aceite de oliva de la vinya. 

Y después al colegio de los escolapios para preparar el bachillerato , que empezaba a los nueve años. Pero yo quería estar con mi hermano. El internado era muy severo, incluía sábados y domingos, salvo que un familiar (mi tía Pilar  hermana de mi padre y el tío Jesús que vivían en Barcelona) lo fueran a buscar para comer al mediodía.

Estos tíos yo los adoraba, aunque mi tío, gallego, me imponía mucho, era, alto, fuerte, y hablaba castellano. Yo le trataba de Vd., aunque un día se enfadó y me dijo aunque hable en castellano, me tratas de tu y se acabó. De mi tía Pilar ya os hablaré otro día. Era "UN GENIO".

Me regaló una bola de papel de plata (de verdad) del tamaño de un pelota de tenis, y una máquina de tren eléctrica, con sus vías y tres vagones. Con los años le perdí la pista. La máquina debió descarrilar... 

Ellos vivían con los avis de Barcelona. L'avia Pilar tenía una caja de potecitos de piramidón, como cincuenta o más, y ¡qué juego tan bonito era! Tienes razón Alvaro que con cualquier cosa éramos felices.

Teníamos que ir en autobús y tranvía hasta la calle muntaner 205, 2º 1ª. Íbamos pocas veces mientras vivíamos en Caldas.

En Caldas jugábamos  mucho con mis primos Salvador, Esteban Mariona y Montserrat. Durante muchos años vivieron en una casa que tenía una gran terraza. Ibamos a jugar y con la manguera, la tieta Teresa  nos duchaba. MI tío Salvador también venía a jugar con nosotros. El era farmacéutico, como su padre. En esta familia, todos los mayores se llamaban Salvador, y todos fueron farmacéuticos, renombrados, reconocidos y poco a poco convirtieron una parte de la farmacia en museo. Todavía sigue, aunque ellos ya murieron .Mi primo también.

De mis primos guardo muy buen recuerdo y alguna vez nos comunicamos todavía.

Reconozco que yo era travieso y que hacía enfadar alguna vez a mis abuelos o a mis padres.

Os cuento dos: Una en la Escuela, me escapé de casa y al salir a la calle, me encontré que era ya muy de noche. Tuve miedo, y me escondí debajo de la escalera, y pensaba "ahora pensarán que me he ido de verdad; mi madre me llamaba ¡Josep María"! Mi padre no gritaba. Bajó tranquilamente la escalera, iba a salir, se dio la vuelta y me dice: "deixat de tonteries que la mamá te està buscant". Castigado sin postres y a dormir.

La otra con mi bisabuelo Francisco: me pilló escondido junto al cine IDEAL de la plaza del Ángel en un callejón estrecho y oscuro fumando con dos amigos del colegio. Me dijo levantando el bastón: ¡Ay de ti , si la teva mare ho sap! Pero no lo supo hasta mucho más tarde. Creo!?!

Entretanto mi padre quería que yo fuese también a los jesuitas. Pagar dos internados era imposible y el ambiente en la Granja con el nuevo Director, era cada vez más irrespirable, Se olía en el ambiente el traslado. Y en Caldas la gente hablaba y preguntaba. Me habían enseñado que no se debe mentir nunca. ¿Nunca?¡