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martes, 16 de marzo de 2021

NO SE TIENEN QUE DECIR MENTIRAS!

 Parece ser que en aquella época, esto era muy malo; en el catecismo en  la parroquia de Caldas, llamada catedral del Vallés por su  fachada barroca  y su amplitud  interior; el cura nos decía lo mismo. No se debe mentir.

Este mandamiento lo entendí muy claro, pero junto a esto había otro problema que ya me resultaba más difícil de comprender: ¿Por qué no se puede contar fuera de casa lo que es verdad?

¡Vaya problema!

 Un día , por la mañana, al llegar al colegio de las monjas, por la tanto tenía que ser pequeño, al entrar a clase me encuentro la hermana que nos daba las clases, subida encima de una mesa cambiando una bombilla.
Al verme entrar, solo pisar la clase me dice:¿Que han dicho tus padres al ver la cuenta del mes?  Mi respuesta fue muy clara..., ¡no se puede mentir!, yo intuía que no le gustaría ni  ni a la monja ni a mis padres , ¡pero no se puede mentir!
-¡Qué cara que tienen estas monjas, cómo se atreven a cobrar esto!  Y tal cual (en catalán) se lo dije a ella. La bombilla cayó al suelo, los niños entraban, se hizo un silencio profundamente angustioso. 
 Yo soy zurdo, y esto no podía ser; como todos los días, me ataban la mano izquierda a la silla- cuando había que escribir en la pizarra de mesa- hasta que me corrigiese. ¡sigo siendo zurdo! y escribo con la derecha, con muy mala letra, pero juego-jugaba- a fútbol, a tenis, a frontón...hasta muevo las piezas de ajedrez o de damas con la izquierda. 

Otra historia del pueblo, cuando me quedaba con mis "avis", me lo pasaba en grande, y más cuando mi hermano ya estaba interno en los jesuitas. Yo era el rey de la casa. Salía a comprar el pan (todavía lo pesaban). ¡ Los medios kilos, pesaban 500 gramos! y si a la barra le faltaba un poco se añadía, pesando, lo que faltaba.
Lo bueno de la historia es que l'avia Pepeta, cada vez que volvía de "cal Pí", (la panadería) o de ca l'Amalia (la charcutería), me preguntaba: Josep María, ¿Que t'han di que ets molt simpàtic? Y así con todas las tiendas.A cal Niubò , pastelería que tenía en el escaparate una maquinita en miniatura que hacía carquiñolis de verdad, etc.
Y yo casi siempre contestaba: ¡ SÍ!
La segunda pregunta era : ¿I que has explicat? 
Res, solo lo que me han preguntado.  Ah si?
¿Qué?
Que si nos íbamos de la Torre Marimón,  que si la mamá quería marchar, que a qué colegio iríamos, que si íbamos a alquilar una casita en Caldas, que si iría a los jesuitas como tu hermano Jordi, que si tu papá se quedará en Caldas, o dónde irá , etc.
-Y tu que has dicho? ¡que quiere que diga, avia, la verdad!
Todavía recuerdo el pisotón que me dio l'avia cuando por lo visto explicaba más de la cuenta, y yo le dije : ¡Me has pisado!, y seguí hablando-más de la cuenta- y me mandó salir a la calle.
- Al cabo de unos días tuve "clases particulares" dels avis y de mis padres sobre que no se explica nada fuera de casa de lo que se habla en casa . Yo pregunté: ¿Si es verdad tampoco?, -Tampoco. 
-No lo entendía, y yo insistí, pero si no he mentido, he dicho la verdad, como lo de las monjas, ¿qué?  Lo que dijisteis de las monjas cuando os dí la factura del mes, ¿qué dijimos?
-¡Que cara que tiene estas monjas!
-Tuve una segunda ronda de "clases particulares". Pero no sé si aprobé..  
Al empezar el curso, después de las vacaciones de verano nos trasladábamos a Barcelona, más propiamente a Sarrià, calle Duqesa de Orleans, nº 15, frente al jugador del Barça , Kubala.Y un amigo que vivía enfrente, me regaló mis primeros sellos de mi colección, se llamaba Serrahima. ïbamos , junto ya con mi hermano al colegio San Ignacio, estaba cerca y podíamos ir a pie.
Lo de las mentiras me quedó muy claro, pero lo otro, no tanto.-