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miércoles, 19 de mayo de 2021

DE ROQUETAS A LÉRIDA

 Terminado el Noviciado, y por lo tanto la aceptación mútua de la Compañía de Jesús y de yo mismo, nos trasladamos a Lérida, junto al pueblo de Raymat.

Si mal no recuerdo éramos 60 los novicios . El edificio de Raymat era nuevo, y todavía se estaba  terminando. ¡Qué  edificio!, con todas las comodidades para la vida de un estudiante. Solamente un mal recuerdo : la muerte de un compañero de leucemia, muy cerca de las Navidades. Sufrió mucho y las transfusiones que le hicieron servían para dos días .

Pensando ahora lo compararía como una especie de Colegio Mayor-Residencia de estudiantes Universitarios, dotado de todo lo necesario. Las habitaciones - que no como los establos de mi antigua memoria-  individuales , suficientemente espaciosas y con grandes ventanales, los pasillos anchos y luminosos, y los despachos de los profesores y orientadores religiosos invitaban a tener confianza y diálogo sincero.

Estaba construido sobre los terrenos de una finca que la familia Raventós, si mal no recuerdo, la madre de Josep Raventos, había donado a los jesuitas para un Centro de Formacion.

Teníamos piscina, campo de fútbol, unos talleres de electricidad, y carpintería para los hermanos que no iban para sacerdotes, un huerto, y  árboles frutales...

Recuerdos de allí muchos y variados: estudios de Latín, griego, historia, Lenguas, castellano, catalán, francés, inglés,  y autores clásicos de la antiguedad: Ovidio, Ciceron, Cesar, Homero...Tito Livio, Virgilio, para meternos en profundidad en el antiguo clasicismo.

Todavía recuerdo una clase sobre Virgilio; el profesor muy bueno, no pudo resistir más los golpes de los albañiles de la clase de al lado, y dice a un compañero:"¡Puede hacer el favor de decir a estos señores que vayan a picar a otro lado , que así no podemos disfrutar de la poesía latina"! 

Las clases de oratoria eran muy importantes, ya que en el comedor o se leía algo de la Htria Sagrada o se hacían discursos aprendidos de memoria, mientras los demás comían. Era "muy interesante", sobretodo las críticas posteriores ya en clase.

Y para no alargarme más, mañana , o pasado mañana estaremos en Sant Cugat.

La capilla moderna , diseñada por  el. P. Enrique Comas s.j. y el salón de actos eran solemnes de verdad. 

Allí vivimos  como estudiantes . Los domingos íbamos a las parroquias de al lado, y no tan al lado para catecismo, y ayudar a los curas.

Todavía veo las procesiones de Semana Santa en Alpìcat, y Alcarràs,Gimenells, y en el mismo Raymat, que era un pueblo de trabajadores de la finca de los Raventos. De rodillas, golpeándose con piedras, y "matando judíos" en Viernes Santo. Y el cura que decía: este año no ha ido tan bien, solamente han roto un banco de la Iglesia.

A uno de estos curas le profanaron el Santo Cristo de la Iglesia, visiténdolo de mujer... y años más tarde lo sacaron en burro, al cura, sentado al revés.

Como tenía mi título de maestro, me lo pidieron para la escuela. Yo iba  unos meses a dar clases, mientras faltaba un profesor. 

Las casas eran muy pobres y sencillas, y había un pueblo que era todo  propiedad del cabildo de la Catedral, y a los canónigos les pagaban los alquileres de las casitas.

Comparados con nosotros, eran pobres de verdad y sin recursos. Aun veo a una niña pequeña con las manos llenas de heridas y la cara con cicatrices. Tenía una enfermedad que le agarrotaba las manos y los pies y al caer, se destrozaba , se desfiguraba. 

Conseguí que la operasen en San Pablo. Fueron 4 ó cinco intervenciones, pero al final llegó a andar bien y abrir y cerrar los dedos de las manos. Fue un cirujano que vivía encima de mi casa de la calle Balmes 10.

Ibamos a los pueblos con las bicis, la sotana, a sol y sombra. 

Y pasaron dos años, los de humanidades