viernes, 9 de abril de 2021

¡ BARCELONA ENAMORA!

 

Yo disfrutaba en Barcelona. Era libre, tenía amigos , nos encontrábamos para pasear. Muchas veces salíamos del colegio por la tarde, y bajábamos a pie hasta la calle Pelayo-Balmes. Era un disfrute y un goce de la libertad.

Dos tropiezos  tuve en esta etapa, que echando la vista atrás era generosa con nosotros, esplendorosa en sus atardeceres, y larga en sus noches oscuras y con  poca luz en sus calles ruidosas por los tranvías y las bocinas de los coches y taxis, siempre amarillos y yo los recuerdo con sus depósitos de gasógeno, con mucha humareda, eran las consecuencias de la post-guerra y de la carencia de mucho de lo esencial.

Pero la vida, nuestra vida seguía.

Un día, al regresar por la tarde al colegio, vino el P. Asensio, con cara muy seria. Nos hizo sentar y nos dijo:

Tengo una mala noticia para todos Vdes. Era por la tarde a las 3.30.    Acaba de morir vuestro compañero de clase, (imposible recordar el nombre), Se ha caído por el hueco de la escalera (seis pisos ) más el terrado, se ha roto la claraboya, y se ha estrellado junto a la entrada de la calle. Fue un impacto terrible. Su silla y mesa estaba vacía. Al cabo de dos días cambiamos la disposición de las mesas, los sitios donde nos sentábamos, y poco a poco fuimos olvidando.

El otro fue más personal, duró varios días, dentro del tranvía.

Me gustaba ponerme,cuando ya no iba con mi hermano, en la plataforma posterior para mirar la calle, las casas, la dente, los amigos que bajaban todos antyes que yo; sencillamente mirar, ver y observar.

No observé, hasta al cabo de unos días que un señor joven se ponía siempre junto a mi, cuando quedaba solo; poco a poco me arriconaba, en la esquina, yo me sentía miedoso y temeroso sin saber a ciencia cierta por qué.

Probé todo, bajar antes, él me seguía. Ir delante junto al conductor, él me seguía.Lo dije al revisor, y no le dio importancia Y así durante muchos días. A veces dejaba pasar un tranvía simulaba que subía, y él estaba ya detrás mío.

El balcón del comedor daba a la calle. El de mis padres y después mis hermanas también. Sólo llegar arriba miraba y allí estaba junto a la pared de la casa "BELLA AURORA", esperando que yo bajara.

Un día no quise ir al colegio - "me econtraba mal"-, al día siguiente se repitió lo mismo, al final no pude más y se lo conté a papá. 

Me hizo caso enseguida, y  durante muchos días me acompañaba para que fuera con el tren de Sarriá, y él vigilaba.

El señor joven desapareció durante mucho tiempo. Pero pasados unos meses volvió. Entonces mi padre me acompañó en coche al colegio, habló con el Director, creo que el P. Bona, éste con el P. Espiritual, el P. Lucia, , y estos a su vez conmigo. Y la historia acabó aquí.

Pero descubrimos mis amigos y yo otra gamberradita de estudiante. Era inocente. Descubrimos que podíamos pasar sin pagar hasta el final del trayecto del tren en Sarriá. Nos poníamos en fila india, al pasar el control de salida los de delante decíamos, el último tiene los billetes, comprados por cuatro. Llegaba el último y decía : yo tengo mi billete, estos no van conmigo. Lo pudimos hacer varios días, pero al final había ya un revisor que al bajar del vagón pedía el billete a cada uno,... y se acabó el truco, por lo menos éste. Quedaban otros recursos: lo he perdido, no tengo más dinero, pasar a cuclillas, armar un poquito de alboroto... 

De todas maneras con la edad sentamos la cabeza y los pies , y nos volvimos formalitos.

Ya empezamos a estudiar inglés y francés en el colegio. Y las visitas de los barcos de guerra americanos, algún francés , eran una excusa formidable. Ya veréis. También llegó el SEMIRAMIS", y ¡viva el régimen.! Esto es lo que decían las emisoras de radio y los periódicos. Por cierto todos decían lo mismo pero teníamos la libertad de leerlos o no y de comprarlos o no. ¡Algo es algo!


jueves, 8 de abril de 2021

DESDE BALMES 10 A TODA ESPAÑA SIN CRUZAR UNA CALLE

 Mi padre estaba feliz de haber  conseguido vivir de alquiler en este piso y lugar. 

Era verdad, que sin cruzar ninguna calle,conseguía llegar a los subterráneos del tren de Sarriá , Terrassa, Sabadell y Renfe a toda España, además del metro de Barcelona. Y además la Avenida de la Luz, que discurría por debajo la calle Pelayo hasta las Ramblas.

Y cruzando  una calle , La Universidad Central de Barcelona, donde pasé la prueba del curso Pre-Universitario.

A 10 minutos el Mercado de la Boquería en las Ramblas, y ya paseando, La Catedral, el Barrio Gótico,, etc.etc. Y por supuesto la plaza Cataluña

Ayer comentaba que el traslado a Barcelona supuso muchos cambios para nosotros.

El primero, aunque soy incapaz de recordar  dónde fue, me refería al nacimiento de mi hermana María Asunción, después de 10 años de ser el pequeño de la casa. No lo acabé de entender... había tanta distancia y tantos condicionamientos, y tantos mimos (por lo menos yo así lo veía), que se me hizo difícil de aceptar y digerir. Después, más tarde, sí. 

Lo peor es que cinco años más tarde , vino otra hermanita,, Pilar.  Creo recordar que fue ya en la calle Balmes, -bueno en el piso 2º 2ª del nº 10.

Mi hermano tenía ya 17 años, a punto de cumplir 18, Yo 15, a punto de los 16. Eran distancias en el tiempo tan largas, que era difícil de digerir. A Jorge , unos compañeros de la Universidad le hacían broma si  la pequeña, Pilar , era hija suya.

Para ir al colegio   los dos cogíamos el tranvía 64 en la Ronda Universidad. Y este fue el  primer entrenamiento de la picaresca de la adolescencia: pasar sin pagar, bajar del estribo y volver a subir, sin billete, o lavarlos con lejía para quitar la marca de tinta del revisor y así poder usarlos varias veces,-con el Vº.Bº del mismo revisor- y a escondidas de los padres. Con las monedas  ahorradas comprábamos, cigarrillos sueltos, o petardos para las gamberradas en el colegio. 

El tranvía 64 atravesaba toda Barcelona; Desde Pedralbes, Sarriá, Bonanova, c. Muntaner , Las Ramblas hasta el puerto y vuelta a subir. Era nuestro tranvía. El del colegio de los jesuitas de Sarriá. Iba de puerta a puerta, y en cada parada los compañeros iban bajando. Yo era el que vivía más lejos. Más tarde creo que acortaron el trayecto hasta la plaza Cataluña.

Tonterías ... las justas entre todos: quitar el trole y dejarlo sin electricidad y teniendo que frenar con una rueda de mano. Gritar al subir en invierno, a tope, con olores múltiples y gritar:¡Cuidado que llevamos aceite!, y así poder pasar hacia adentro... sin pagar. Y pocas más.

El nº 66 era el tranvía "familiar". Salía de la calle de  la Creu, justo al lado de Duquesa de Orleans. Era muy antiguo, Los asientos eran uno por lado a lo largo de todo el tranvía. Los domingos teníamos sitio "reservado" por familias, y no dejábamos que se pusiera en marcha hasta estar todos. ¡Increible! Nosotros bajábamos en Muntaner, esquina Paris, para ir a casa los abuelos de Barcelona y la tieta Pilar y el tiet Jesús.

Una vez ya en Balmes, nunca más usamos este tranvía. Y cuando mi hermano empezó la Universidad,me encontré muy solo, para los viajes, para los paseos, para ir al cine del Colegio o al Cine Vergara (al lado de casa). Me llevaba 10 y 15 años con mi hermanas, y no podía ir con ellas a ninguna parte. Bueno sí: a acompañarlas al colegio de las monjas de la  plaza Universidad.

Más tarde ya fueron a otro colegio" de mas categoría". Junto a la Parroquia de ntra. Señora dels Angels , en la calle Valencia. 

Pero yo ya no estaba en casa, había entrado al Noviciado de los jesuitas en Roquetas, frente a Tortosa, al otro lado del Ebro. En contacto con la naturaleza viva, junto al observatorio sismográfico, pero lejos ya de toda la familia.
¿Creéis que con estas distancias de edad, se podía hacer mas tarde, una relación "normal" de hermanos? No era sólo la edad, era que yo me había separado de la familia, y en aquellas épocas las visitas eran muy contadas, y por poco rato, aunque siempre el maestro de novicios invitaba a comer  a las visitas con sus hijos. Pero éramos tan lejanos, y estábamos tan separados, que las relaciones de familia sólo  se empezaron a "normalizar" al estudiar  filosofía en San Cugat.

Con todo el vivir en Barcelona era mucho más que lo que he contado, para mí fue despertar, hacerme adolescente, descubrir calles, luces, personas, tiendas, ruidos, ... ya os contaré, si no me distraigo al dejar correr la memoria por la punta de los dedos sobre el teclado.


miércoles, 7 de abril de 2021

Y CAMBIAMOS DE ESCENARIO YA EN EL CENTRO DE BARCELONA

 Ir a los jesuitas de Sarriá era un reto para los alumnos y un orgullo para los padres. Incluso entre los padres  jesuitas de San Ignacio y los de Caspe (el otro colegio en el centro de la ciudad) había una sana rivalidad. Esto de rebote nos exigía más a los alumnos, que teníamos la suerte de tener un colegio tan bueno, tan grande, con tantos patios, con tantos profesores y con tanto frío en invierno que hasta que no se nos caían los lápices y bolígrafos de los dedos, no ponían la calefacción.

Pero todos contentos y felices.

Me olvidaba del profesor José María Vigo Trunas, que apodábamos el metro cúbico. Ya se entiende por que. Conseguimos ponerle un sillón  que tenía una pata delantera un poco más corta, y como no llegaba con los pies al suelo, al inclinarse hacia adelante, la pata corta cedió, le desequilibró, y rodó literalmente por la tarima. El suelo le frenó. No se hizo daño, ni lo comentó con nadie; Nos regañó, no nos castigó, y nos pidió que no lo hiciéramos mas. Y no lo hicimos. Era muy buen persona, reconozco que no se merecía esta broma con mala pata.

Sin embargo: ¡ San Ignacio de Sarriá  era el mejor colegio de Barcelona!

De la calle Duquesa de Orleans hicimos un salto para ir a vivir al centro de Barcelona. Mi padre ya tenía coche (un ford T) Y podía ir a la Escuela Industrial en la calle Urgel, con él.

Fuimos a vivir a la calle Balmes nº 10, 3º 2ª . Un piso grande, aún existe, aunque no tenía ascensor. Mi padre pudo colocar el piano de cola (lo tocaba muy bien) en el salón y para fiestas especiales daba pequeños"conciertos " para la familia. Era un amante de la música, al igual que su hermana la tieta Pilar, que tocaba el violoncelo y llegó a formar en los años 50 una orquesta femenina de nombre Isabel Lacalle(creo recordar).  

Justo antes de la guerra civil  salió con un grupo de chicas, solo chicas, y tocó en París y en Bruselas. Tuvo que esperar el fin de la guerra  para poder regresar a España, y fue directamente  a Galicia donde estaba su marido. Concretamente  a la freguesía de Cea, en el consello de Vigo, según cree mi memoria y mi ortografía.

El se llamaba Jesús Sevillano, un hombre "recto" honesto,Jefe de correos en la Rda. Universidad, a cinco minutos del domicilio de mis padres, corpulento y muy amable conmigo. La tieta también y cuando conoció a Linda, la trató siempre con exquisita delicadeza y mucho cariño, y lo digo ya que lo manifestó más de una vez delante de mi madre y mis hermanas en diversas ocasiones y situaciones. (DEP). Cuando entré al Noviciado, ella , antes de irme, me llamó a su casa. Fui y me dijeron los dos: si un día te das cuenta de que te has equivocado, en casa siempre tendrás comida y una habitación, si tus padres no aceptasen tu error.

 Y ya  por acabar- "esta pequeña digresión", el tiet Jaume era médico, al igual que su esposa, y tocaba, si mal no recuerdo, el saxo. Como médico para mí era el mejor. Sólo verlo  ya me curaba, y así me salvó de una apendicitis aguda a los 16 años. 

Ir a vivir al centro supuso muchos cambios tanto familiares como de comportamiento.

Estábamos en el centro, centro, de Barcelona. Y/ el día a día no tenía nada que ver con Caldas, ni con Sarriá. Yo me enamoré de Barcelona. Me sentía libre en la ciudad.

Mañana, si Dios quiere os cuento.

lunes, 5 de abril de 2021

LAS GAMBERRADAS EN UN COLEGIO DE PAGO

Ya os conté que había estado interno dos años. 

Después ya en Sarriá  íbamos juntos a pie al colegio. Yo presumía de hermano mayor de serlo y enseñarme los pasillos laaaargoooos y aaaaltoooos , y las puertas de las clases con una mirilla y también muy altas.

Vayamos a lo que interesa:

El padre Caballería (era su nombre de verdad) tenía rapé en una cajita de la mesa del profesor.

Estuvimos mucho tiempo planeándolo, y lo conseguimos. Cogimos su cajita de rapé , y nos escondimos en los lavabos, sacando mina de lápiz con unas maquinillas, y se lo mezclamos con el rapé.

Buscó su cajita,  no la encontró, sacó otra del bolsillo, y ya se puso tranquilo. Al día siguiente le pusimos la anterior en el cajón, y nos dice:¡Qué tonto he sido, no encontraba el rapé y ahora tengo dos cajas!.

Puso los dedos pulgar e índice en la "preparada", y poco a poco su cara parecía un mapa mundi en negro. Tanta juerga y gritos hicimos, que apareció el P. Asensio, abre la puerta, y dice:¿Qué pasa? Se mira al padre Caballería y se puso a reir. Y sin castigos .

Una vez pusimos bombas fétidas, entre clase y clase debajo de la mesa del profe. Era  verano, las ventanas estaban abiertas, pero el olor a podrido salía de debajo de la tarima y mesa del profesor.

Fue más listo que nosotros. ¡Tengo frío!, me  duele la cabeza, por favor cierren todas las ventanas. Tenemos calor, sí, pero yo no me encuentro bien. ¡Cierren!. Cerramos, la peste era insoportable; se levantó, bajó de la tarima,  salió fuera y cerró la puerta.  Ya vuelvo enseguida. Se quedó mirando por la mirilla, entró de nuevo, y dice: ¡Huele mal!  ¿abrimos las ventanas? ...¡ Esperemos un poco que pase el mal olor!

La clase de  física la teníamos en el sótano del colegio. Estaba cerca el final de curso. Entre todos, liderados por el trío de los buenos (yo entre ellos) compramos petardos que al pisarlos explotaban, y otros al lanzarlos al suelo petaban y otros que llamábamos corre-camas (corre piernas). Sembramos el sótano, , unos 30 metros de largo, y esperamos al profesor, los petardos le delataban, y detrás de él, resonando de nuevo los petardos, el P.Prefecto de Disciplina (el P. Asensio). Nos miró a todos, y soltó: señor Pérez, Sr. Llibre y sr. (no recuerdo su nombre)!!! El domingo de ocho a ocho en el colegio, y esta vez sin cine.

El de francés (un ex-legionario francés), se puso tan nervioso con los ruidos, las risas y los papeles mojados contra la pizarra, que no tuvo más ocurrencia, que coger a  uno de nosotros, y sacarlo por la ventana ¡Si no se callan lo dejo caer!. Gritamos, golpeamos sillas y mesas y esta vez el profesor fue despedido del colegio. 

Pero la peor fue estrictamente personal: una pelea a la salida con el conserje, junto a las escalinatas de la entrada. Me estiró la camisa, yo le di empujones, cayó, se formó el "coro de los ángeles" ánimo José María". Por la tarde fuimos llamados al orden. Yo no dije nada en casa ni el colegio tampoco. Tardé un año en contarlo a mis padres.

Al final de curso, decidimos disolver las bandas que habíamos hecho para jugar y defendernos . Fuimos a la calle Anglí, junto al cole en un barranco y allí firmamos la paz. El tren de Terrassa y Sabadell pasaba a menos de un metro(!¡). Los capitanes bajábamos los últimos. Y una maldita raíz se interpuso en  mi zapato, y caí unos 5 o seis metros rodando. Me abrí la rodilla. Había una fuente, la limpiamos y fuimos hasta el dispensario de la plaza de Sarriá. Me curó. Y ¿dónde dices que te has hecho esto?, mientras me ponía tres grapas en la rodilla, después de limpiarla cuidadosamente. No me creyó la historia. Los compañeros, Blanc Xiró entre ellos, estaba blanco. Me acompañó a casa y al abrir la puerta, mi madre se paralizó. Tenía la pierna vendada. ¿Estás mareado ?... Mira  a Blanc, y le dice toma, que tu estás más blanco. Un vasito de agua del Carmen te irá bien. A mi no me dio nada. Bueno sí un vaso de agua.

También en clase de música hicimos la gamberrada de coger pegamento"ymedio" con los dedos, y tirar hilos de pegamento que se posaban pausadamente encima de las cuerdas del piano de cola, que cada vez sonaba menos afinado. Eramos 30 a la vez tirando de pegamento sobre el piano,

Me acuerdo de alguna más pero son más breves. 



viernes, 2 de abril de 2021

LA CALLE DUQUESA DE ORLEANS 14, 1º

La casa y la calle todavía existen- Fue nuestro primer domicilio en Barcelona (Sarrià) cerca del cole los jesuitas, San Ignacio.

Todavía está la misma ventana, a la que nos asomábamos mi hermano y yo. Qué diferencia de vivir en La Escuela de Agricultura de Caldas. El espacio era pequeño. Apenas había un pasillo corto, muy corto. Y de jardín o terrazas, nada de nada.

Pero la zona era "muy buena y muy chic". Poco a poco pudimos bajar a la calle a jugar, a frontón con una pelota  atada a una goma. Apenas había coches que circularan por allí.

A mi madre, que siempre fue más de aparentar, el piso se le caía encima, mi padre , mucho más práctico y acomodaticio a las circunstancias, le parecía bien, mientras no encontremos otra casa.

Recuerdos vivenciales:

-Ponernos a la ventana, y coger cigarrillos Lucir rubios y fumarlos echando las colillas a la calle. Les vimos llegar y corriendo abrimos la ventana del comedor, escondimos el paquete de cigarrillos y... nos pillaron.

Mi madre me hizo ir a confesar a la parroquia. El cura me dijo que estaba mal lo que había hecho, pero no era ningún pecado. ¡Menos mal!

Había un terrado en la azotea. Allí instalamos un " teléfono", con envases de plástico de yogures y una cuerdecita muy fina, con un amigo del colegio. Era Blanc Xiró, si mal no recuerdo era José Luis. Tenía un hermano jesuita.
Al colegio íbamos a pie, Solamente había que ir con cuidado con el tranvía que pasaba por el paseo Bonanova, era el nº 64. Éste más tarde fue nuestro tranvía habitual, al cambiar de domicilio.
Y la tentación (doble tentación) era el intercambio de bocadillos entre los compañeros, y la  peor era la permuta de bocadillos por caramelos o chicles, con un hombre que nos los ofrecía. El hombre prosperó, de la cesta, pasó a un carrito, y del carrito a un artilugio con helados y polos, siempre con permuta.- También tenía cacahuetes y chufas . Y el negocio prosperó tanto que, nuestros padres sospecharon , pues al llegar a casa al mediodía , teníamos mucha hambre.
Se descubrió el "pasteleo", y el hombre desapareció de la esquina. No lo vimos más.
La otra tentación, era el colegio de monjas, para niñas ; Ya mayorcitos hacia el final del bachillerato, Entrar dentro, a escondidas, y poner una piedra en la puerta para que no se cerrara automáticamente, y espiábamos a las niñas.
Se acabó en seco por culpa del profesor de matemáticas (excelente profesor) . Nos dio una arenga sobre la dignidad, el respeto,  las niñas y los niños, y que si se repetían esos actos , el colegio nos castigaría.
¡Repetimos!
¡Nos castigaron a "los mejores de la clase" con un domingo de 8.00 a 20.00, en el colegio, con desayuno, y comida, y al final nos dejaron entrar al cine, sin pagar.!
Esto último fue gracias al Padre Asensio sj. prefecto de disciplina. Le llamábamos el padre "diplomático", ya que tenía un pulmón menos, extirpado, y se quedó  CON SU LADO EN BAJADA. 

Gamberradas del colegio podría contar muchas, y en  muchas de ellas era yo el protagonista. 

Las dejo para la próxima entrega. 



martes, 30 de marzo de 2021

ENTRE LOS RECUERDOS, LA OCUPACIÓN NACIONAL

 Al volver las cosas a la "normalidad" volvieron también los usos y costumbres de la época, siempre tutelados por la Guardia Civil, que tenía patrullas vigilando hasta la montaña de EL FARELL, que domina el Vallés Oriental.

La normalidad consistía que en el "Casino" (un local grande con una planta baja llena de mesas y sillas y un bar), era donde mi abuelo y muchos más se reunían para  para jugar al dominó a las cartas o al ajedrez. Tomando un café o una cervecita durante toda la tarde.

Especialmente los domingos y festivos.

Dentro  había una gran sala con escenario, palcos laterales y sillas en la parte baja. Se usaba todo este conglomerado para fiestas con orquesta, representaciones teatrales (els pastorets), y bailes especialmente para la fiesta mayor.

El final de fiesta se celebra en El Remei  con un aplec de misa y bailes.

Todo esto es para situarnos en la normalidad. La aparente normalidad.

Mi tío Salvador, el de la Farmacia Codina, tenía unas grandes cualidades para el teatro y la diversión de los pequeños y sus padres. Yo recuerdo las veces que le ví haciendo de "diablo" y nada menos que Satanás representando "els pastorets". Yo tenía miedo cuando aparecía en el escenario; pero por suerte siempre ganaban los ángeles, y el niño  Jesús. Todos aplaudíamos. Su hermano Rafel, creo que veterinario, es el que hacía juegos de manos también en el casino. Recuerdo una vez que sacó un periódico, preguntó la edad a un niño y a otro los apuntó en una pizarra, sacó una cerilla, prendió fuego al periódico y aparecieron sin quemarse las edades de los niños !¡ Y así más cosas con las cartas.

 Las monjas también usaban el Casino para las fiestas de final de curso. Recuerdo que una vez tuve que recitar un poema (no sé cual), y después de miles de ensayos, al final me dieron un gran consejo: ¡No hables hasta que todo el mundo esté callado! Creo que estuve unos largos dos o tres minutos esperando la ocasión. Se hizo el silencio,. solté mi poesía, saludé, recibí muchos aplausos. 

Entre tanto las tropas"nacionales" ya habían ocupado el territorio nacional, y tomaban posiciones en  los pueblos , para consolidar la victoria, y algo más .

El tren que iba de Caldes a Mollet desapareció, en su lugar la empresa Sagalés hacía el transporte hasta Mollet y hasta el Paseo San Joan de Barcelona, junto a la plaza Tetuán. El angar de los trenes, fue el refugio escogido por los militares "nacionales" para la tropa. Los oficiales y suboficiales debían ser alojados por las familias del pueblo (dormir, comer y aseo). Yo tenía cierto miedo. Entraban a casa l'avia, como dueños y hasta l'avi dejaba la botiga para saludarles. Unos días era uno y otros días fueron dos.

Todavía recuerdo a mi abuela preparando los desayunos y al ayudante limpiando las botas para el capitán. No era una situación muy cómoda, pero eran los que habían librado la batalla por la victoria.

Un día fui a mirar, de escondidas, el angar donde estaba la tropa. Allí dormían, y había unas perolas enormes para la comida. Me impresionó la gente, las perolas, la comida y el olor que ahora diría mezcla de sudor, ropa sucia, garbanzos cocidos, y no sé que mas. 

Una anécdota: pasaba un muchachito (era en invierno), descalzo y sin pantaloncitos, sus padres tocaban, junto a una cabra , un piano de manubrio. El niño pedía la voluntad. Un vecino dels avis, calvo de solemnidad, al verle de tal guisa, le llama, le dió unas monedas y le dice:¿Que no tens fred al culet?

El niño le mira, se para, vuelve hacia atrás y le suelta: ¿Usted tiene frío en la cabeza?, ¡No!, responde el hombre;- pues yo tampoco en el culo !Es toda una imagen de la situación del pueblo. 

Y si venían los "regulares", creo que eran las tropas marroquis "voluntarios" para la guerra civil, pero ahora ya en calidad de victoriosos, limpiaban la tienda," cuidadosamente".¡ Pagar no!  ¿Por qué si nos habían liberado?

En el casino es donde els senyorets, entre baile y baile, buscaban a la senyoreta (la fadrina), para enamorarla. Le ofrecía un ramo de flores, se lo llevaba una camarero, y ya está.

Mi madre tenía entonces 18 años y mi padre -un senyor de Barcelona y con carrera y estudios y un buen porvenir- tenía 28.

miércoles, 24 de marzo de 2021

RECUERDOS DESORDENADOS DE LA GUERRA Y POST-GUERRA

 Un comentario que había oído muchas veces era ¿Por qué tuvieron  que matar al "oncle " Jeroni? Qué había hecho de mal?

De su vida, yo no lo conocí , sólo había oído que era hermano de mi abuelo, que vivía a Cal Menut -(puede ser que me confunda sobre este particular)- que era muy buena persona, pero para los del comité de la FAI de Caldas hacía dos cosas muy malas: iba a misa todos los domingos y había pagado un altar de la Iglesia parroquial. Y su familia estaban bien económicamente.

Una noche, un comité revolucionario - que a mi entender no tenía nada que ver con la izquierda republicana que defendía la república contra el "Alzamiento  Nacional de Franco"- fue de noche a buscarlo a su casa ya que tenía que ir a declarar ante el comité. No volvió nunca más; unos días después lo encontraron acribillado en la cuneta de la carretera a Sentmanat , camino de Sabadell.

MI abuelo se escondió en la barraca de la vinya , tenía pozo de agua y podría resistir varios días.

Se equivocó y se olvido de mi bisabuelo Francisco, que aun vivía, pero era ya muy mayor. 

Cada dos días le llevaba un paquetito con comida a la vinya, hasta que un día le siguieron hasta la puerta de la barraca. Le amenazaron, le intimidaron, y al final tuvo que reconocer que llevaba comida para su yerno. 

Abrieron la puerta, sacaron a l'avi Esteve, y se lo llevaron. A los pocos días supieron que estaba encerrado en el castillo de Cardona. Allí pasó algún mes, Les daban comida sin sal y llena de cucarachas. 

La sal era importante ya que a muy pocos metros tenían montañas de sal de las minas. MI bisabuelo se sentía culpable. Pero no lo era, además l'avi Esteve era de familia conocida, y la mercería sin él, poco podía hacer. 

En un rincón medio escondido había un cuadro de san Sebastiá, "cosido" a flechas por los romanos. Un tiempo estuvo tapado con toallas para vender, fundas de almohada , etc.El escaparate era muy grande , y junto a él, nos sentábamos l'avi y yo para jugar a ajedrez. Y decir "¡bona nit! a todos los que pasaban, poco a poco cada vez más "mayores" mayormente de Francia que venían a los balnearios. Como mi madre sabía francés, les citaba para el día siguiente para que se aclarara y pudiera vender más fácilmente, especialmente, camisas de popelín y sábanas de Ca la Tolrà .y medias, pañuelos GUASCH , etc.

Una cosa recuerdo: las alpargatas  que confeccionaban a mano mi bisabuelo y su hija l'avia Pepeta. 

L'avi Esteve se encargaba de vender detrás del mostrador, muy largo y con  unos armarios de marcos de madera y frontales de vidrio .Cuando yo iba, siempre por la tarde, me dejaba poner junto a él, para aprender a devolver el cambio y ordenar los sellos de su colección, que después me regaló.

El GLOBO creo que casi nunca bajó las persianas. Aun recuerdo sus dos expresiones:

Josep María, quan "sentis que criden ¡Visca la llibertat!, tu portes avall! (baja las persianas).

"Tu, Josep Maria: si te pregunten y papá, que no viene? ¡Tu no sabes nada. No lo sé!

Aunque estas cosas eran cuando ya la guerra había terminado, y nos enfrentábamos a la "ocupación" nacional. Yo tendría unos cinco o seis años.