miércoles, 30 de septiembre de 2020

La llave que debería abrir todas las puertas


  Ha estado en todas las casas que hemos vivido los dos. Siempre nos ha traído suerte. ¿Os acordáis que os hable de ella hace pocos días? 



Y el santuario de Las Lajas en Ipiales donde estuvimos unos días y donde Clemente  nos entregó la llave de medio metro:






lunes, 28 de septiembre de 2020

CONTINUAMOS POR LA PANAMERICANA

 La cordillera occidental se subdivide en  occidental y central. La panamericana parece tener ciertos reparos de adentrarse  en la central y decide bordear, sin ser muy atrevida, el camino entre ambas . Las ciudades y los pueblecitos,  la frondosidad,y la alta humedad por la noche  hacen que el viaje sea un poco más lento.

Pero visto lo que ya hicimos, pensamos con razón que no iba a ser muy diferente.

Un frenazo, un frenazo de los buenos, ya en plena noche nos despierta de nuestros sueños y suposiciones.!Buenas noches señores¡ Iba armado con un fusil de repetición, llevaba un uniforme que parecía militar. Se pasea por el pasillo central del autocar; una vez, dos veces, hasta tres veces y aparece otro "soldado" en la escalera del bus. "que bajen todos los hombres, ya pues"¡ Bajamos; !todos  parados ¡junto al bus. Manos a la cabeza. Cacheo general, uno a uno.. y  suban todos. Prosigan el camino no les molestarán ya más.

Silencio... cuchicheos... siempre es igual... buscan a alguien ... no paran hasta que lo encuentran. Son paramilitares, no recuerdo que grupo. 

A mi me entró sudor frío; a Linda un tremendo dolor de barriga y un gran malestar. En Manizales, el conductor para un rato , yo compro una especie de orangina, Linda no quiere nada. Se encuentra traspuesta. Yo siento unos retortijones y otro caballero también. En Caldas le pido a gritos que pare que no aguanto. Se lo suplico, le imploro.... Y para. Voy directo al baño  y abro y oigo:!pase , pase, no se incomode¡ eran dos WC en la misma habitación sin pared ni cortina pero con  unos  olorcitos a mie......

Por suerte fue una vez y no más. Linda lo pasó peor. Al llegar a Medellín y bajar para cambiar de autobús se dio cuenta de por qué se encontraba tan mal.

Mientras bajaban los bultos y las maletas (14) se pudo poner un poco en forma. 

Teníamos que esperar unas 6 horas hasta el próximo enlace. Un hombre con botas de montar a caballo, sombrero de ala ancha, chaleco de cuero, pantalón  vaquero tenía entre sus manos un cuchillo-navaja, y mientras se limpiaba las uñas nos observa atentamente.

Desean entrar a asearse un poco en el interior? Claro ¡ No se preocupen yo les cuido el equipaje. El conductor ya me avisó. !"son muy buena gente"¡... Y nos fuimos, nos duchamos, desayunamos y al regresar el mismo hombre estaba aguantando la misma columna, los pies cruzados , la navaja entre las manos, y las maletas estaban todas, en el mismo sitio, menos una que la movió de lugar porque molestaba a la gente. Le abonamos lo que nos pidió, a tanto por bulto - pero sin abusar- y nos ayudó a subirlas al nuevo autocar para enfilar ya hacia Cartagena.

Dejamos ya los Andes , que se pierden poco a poco en la lejanía, incluso el nevado Ruiz, hermoso y solemne hasta en la lejanía, y observamos un hermoso y fecundo  valle y una ancha planicie  que nos anuncian la llegada a nuestro fin de viaje en América.

Atrás queda Quito, Cotocollao, amigos que duran para siempre, volcanes majestuosos que con su sombra nos protegían muy especialmente en Quito el Pichincha, el Cotopaxi...

En el hotel nos esperaban y nos hospedaron en una hermosa habitación, no sin  antes ofrecernos uns refrescos tropicales... que nos sentaron, para repetir... y repetimos.

El buque no recuerdo el nombre y no encuentro las cartas de la comida de abordo. Pero era o el DONIZETTI o el VERDI.  El trato era excelente, y los cuidados y atenciones por parte de la oficialidad y del mismísimo capitán excelentes.

domingo, 27 de septiembre de 2020

DE IPIALES A CARTAGENA DE INDIAS

 Los Andes  con toda su inmensidad,  que le permite albergar, entre las dos cordilleras oriental y occidental , una tal variedad de paisaje, de valles frondosos , picos escarpados, de volcanes impresionantes como el Cotopaxi, o el Pichincha bajo cuya protección estábamos en Quito, vegetación exuberante y caminos , sí caminos infinitos que cruzan sendas, ríos, planicies, precipicios, cascadas de agua e innumerables loros, guacamayos, monos... que hacen del viaje una auténtica nueva vivencia de la vida.  Grandes plantaciones de platanales, aguacates, frutos de la pasión, mangos, papayas y por supuesto la yuca, y también la coca.

En Ipiales ya nos habían reservado trastero del autocar para poder meter los catorce bultos y maletas, contando la llave de bronce que abriría casi todas las puertas, mas una máquina de coser" portatil", pesaba unos 6.00Kgs. y que Linda utilizó  para toda la ropa que hacía para nuestros hijos y para ella misma durante casi toda la vida vivida en Cataluña, hasta que ya la pobre se   fundió literalmente, hace unos pocos años. Y el pulso y los temblores de la mano le impedían  ya controlar la máquina o hilvanarla. Fue la primera gran  experiencia que tuvo sobre su mala  salud. Lloró y mucho. Y ya no intentamos arreglarla¡ Un día, después de pedirle permiso , y sin que se diera cuenta  la hice desaparecer. Compramos otra con mi hija pero  a duras penas lo consiguió, y ya no quiso intentarlo de nuevo para no tener otra decepción . 

A lo largo del viaje nos dimos cuenta de que los senderos y caminitos del indio permiten llegar a lugares a los que después llegaríamos nosotros "cansados" de  tanto dar vueltas y revueltas por la panamericana y sus desvíos para llegar a las más variopintas ciudades y pueblos. Y los nativos no van con las manos en los bolsillos, Si no llevan la guagua a la espalda llevan fardos de leña o productos del campo para llevar a vender o hacer trueque por productos de los que carecen.

Aquí el chófer no se dormía, nosotros tampoco por los nervios de ir a lo desconocido.

Al pasar algún poblado, sin parar en él, Linda se dio cuenta de algo que después parece ser normal: Si por la carretera cruzas un poblado que hay gallinas sueltas o cochinos paseando, si suena el claxon, indefectiblemente las gallinas y los cochinos cambian de lado, y si vuelve a sonar vuelven a cambiar, alguna gallina muere al segundo intento, no precisamente de infarto aun estando a los 3.000 o 3500.mts. 

Pasamos por pueblos como Otavalo , Ipiales en Ecuador,  Tulcán, Pasto, Popayán todos en plena cordillera occidental de los Andes. 

Nos habíamos dormido, cansados ya del trasiego anterior, y porque los asientos eran bastante cómodos. 

Después Cali, hermosa ciudad, donde paramos el tiempo suficiente para comer, estirar las piernas y confiar nuestro equipaje al conductor del autobús. Cumplió, no se movió de la estación de autobuses y le dimos la propina merecida.

Nosotros respiramos un poco más tranquilos, aunque faltaban unos mil quilómetros para llegar a Cartagena. 

No recuerdo la hora, pero ya pasadas las 15.00 16.00 horas  reemprendemos viaje .Faltan todavía muchas curvas, cuestas, valles y ...gallinas. y algo más .

sábado, 26 de septiembre de 2020

OLVIDOS IMPERDONABLES EN ECUADOR

QUITO ES UNA CIUDAD COSMOPOLITA Y MUY BELLA. HAY QUE DECIRLO. Y el tiempo que estuvimos lo disfrutamos de lo lindo haciendo nuestras travesuras de enamorados.

 Comidas típicas quiteñas en restaurantes "ad hoc", siempre acompañados.

Recuerdo nuestras excursión a "aguas Calientes" donde nos bañamos en una charca  de agua caliente, procedente del Pichincha hasta el que nos escapamos un día con la excusa de dar una conferencia a los padres, y unas orientaciones sobre alimentación de los más pequeños por parte de Linda

Excursiones a la "mitad del Mundo", en la línea del Ecuador.

Visita al museo de  las cabezas reducidas de Cotocollao.

La travesura de "robar "250gr. de jamón serrano de jabugo en el supermercado" la favorita " especialmente diseñado para extranjeros. Pero para nosotros era carísimo.

Nos salía más a cuenta comprar en el mercado central de Quito, muy bien surtido , especialmente en marisco y pescado. Y en las tiendas "colmados" de Cotocollao, donde la carnicería tenía la ternera abierta en canal colgando de la pared y te ofrecía la posibilidad de escoger la parte del animal que más te gustaba. El precio siempre era el mismo 14 sucres el kg. 

Eso sí al llegar a casa limpiarla y ponerla en la nevera que ya habíamos comprado. 

Linda era increíblemente experta en las partes de la ternera y para qué eran mejores, aunque le costaba mucho tener que limpiarla, y yo era y sigo siendo un desastre.

Invitaciones a casas de padres de familia y muy especialmente  a la de la familia Argüello. relojero de  profesión. Y de familia encantadora. Su mujer dedicada a la familia (5 hijos) y siempre con tiempo para acompañarnos.

En el colegio a la hora de descanso arreglamos con la sra. que cuidaba y limpiaba que preparase unos chicharrones  y el director del colegio"DEL HIERRO PORTILLA" ofrecía un "guisqui"  que estaba incluido en los gastos de "atenciones" que pagaba la Fundación. ¡ No estaba tan mal!

Los taxis al centro también estaban a cargo de la Fundación, ya que me insistieron en no coger los"guaguas" para ir al centro. Y así lo hicimos.

La verdad es que vivíamos a cuerpo de rey, ahorrábamos mucho, conocimos unos catalanes panaderos de oficio  que también habían salido de Chile y tenían la intención de regresar. De hecho se establecieron más tarde en una panadería frente al mercado de Sarriá, y allí nos encontramos. Era la familia FRECHIN.

Lástima  el Pincochet de Chile y el veto mío en la Fundación MENA-DEL HIERRO PORTILLA, ; económicamente no nos podíamos quejar,  hasta Linda daba clases en el parvulario francés de Quito.

De ahí nuestra relación con el embajador francés. Qué persona más servicial, atenta, generosa y buen consejero.

Me he desviado de la línea que me había trazado, pero una cosa trae la otra.

La próxima entrada será el Trayecto IPIALES - CARTAGENA DE INDIAS.


viernes, 25 de septiembre de 2020

VIAJE DE REGRESO A ESPAÑA

 La camioneta con matrícula diplomática espera junto a la puerta de casa en Cotocollao (Quito-Norte). El señor Clemente Argüello (presidente del AMPA) y algunos padres más  están con nosotros.

Ya es de noche en Quito y hace frío. Hemos vendido todos nuestros enseres, y lo que quedaba , ahí se quedó.

Cargamos los catorce bultos, nosotros dos y el chofer. Y en la cabeza las palabras  del embajador: Ne  salgan del coche en la frontera ni para "pisser",  ¿Se entiende no?.

Quito, Otavalo, Ipiales - parada obligada, mostrar los pasaportes y el Libre Paso del coche diplomático, con una carta del embajador por si fuera necesario. Pasamos largo rato, bastante frío, y cierto miedo. Pero estábamos los dos juntos y en "territorio francés". Silencio, noche fría,. estrellada, y la barrera fronteriza a menos de 50 metros. Sale  el policía de fronteras, mira dentro del coche con una linterna... ¡Buenas noches señores! prosigan el viaje y vayan tranquilos.

Y así lo hicimos y además con la tranquilidad de saber que lo único que había hecho era oponerme a una inversión millonaria en el Centro de Quito,  para que cuando diera beneficios se invertirían en el Colegio. Se trataba de una inversión inmobiliaria y en una fábrica de alfombras quiteñas. Una auténtica mafia, que usaba la Iglesia y la Educación de paraguas.

El embajador y el Director del Colegio La Salle , que estaba muy cerca, y que se hizo también amigo, habían contactado con la residencia de las monjas, que ya nos estaban esperando, con la cena, habitación con baño y ducha . Y nos sorprenden: Mons. Romero, arzobispo de Quito, también les había llamado y pedido que le informasen cuando llegásemos.

He olvidado decir que ya en Quito nos dijo que gracias a nosotros habían descubierto  el pastel de la  Fundación, y que la iban a denunciar y retirarse de la Junta Directiva. Sabían de las buenas intenciones de la Sra. Isabel del Hierro - la fundadora- , pero ya dudaban de los herederos.

Además al formar parte yo de la Directiva Nacional de Educación Cristiana, iba teniendo demasiada influencia por las charlas, conferencias, reuniones con otros directores, pero... me había olvidado de una pequeña cosa sin importancia: el Subsecretario de Exteriores que daba largas a la residencia de Linda, era hijo del hermano mayor y Presidente de la Fundación.

¡Realmente el mundo es un pañuelo; y a veces un nudo del que es casi imposible salir!  Pero salimos. Aprovechamos para descansar, ordenar papeles, vender y regalar libros de teología a las monjas que estaban ávidas  de novedades.

Ellas cuidaban del Santuario de la Virgen de las Lajas, que ciertamente nos protegió y mucho. Desde allí empezamos a escribir a España a Barcelona particularmente avisando de que íbamos para allá, a amigos y también a mis padres. Linda hizo lo propio con sus padres y con su hermana Augusta, pero faltaba todavía atravesar por la ruta panamericana los 1500 kms. que nos faltaban   para llegar a Cartagena de Indias y embarcar rumbo a Barcelona, no sin antes "pasearnos "con nuestros catorce bultos por toda la cordillera occidental de los andes.

Desde Quito nos avisaron que Clemente y el Director de la Salle venían a Ipiales, que nos querían ver antes de irnos. 

Clemente nos trajo un regalo: una llave de bronce de medio  metro  para que nos abriera todas las puertas posibles. Cumplió la llave su encargo menos en un caso, que ya contaré. El Hno. de la Salle  dijo que tenía que ir a Roma en un año y que nos haría llegar una bendición apostólica.  Esta llave todavía está colocada junto al recibidor, se la dio Clemente a Linda , con un cariñoso beso y un gran abrazo.

Tenían  que regresar a Quito. Comimos un pollo a la brasa, grande y exquisito y nos "juramentamos " para vernos de nuevo.

No os extraña que nunca hable del embajador español ni en Lima ni en Quito?... como si no hubiera, haría el mismo efecto: NADA. 


martes, 22 de septiembre de 2020

UN EMBAJADOR FRANCÉS PREOCUPADO POR LINDA

Después de la Kermesse y de dormir "la mona" , Linda se puso como todos los días atrabajar de secretaria del Colegio.

Al poco rato recibo un llamado telefónico del Presidente de la "FUNDACION " para recriminarme por el éxito de la Kermesse, ya que daba más entusiasmo entre alumnos y padres.

Resumiendo el colegio era una mera tapadera para cubrir  sus actuaciones económicas  en Quito- centro.

Se manejaban muchos pesos ecuatorianos, que deberían ser reinvertidos en el colegio. Y no se hacía, convocada un reunión del pleno de la Junta Directiva, en la que tenía derecho a veto a unos ciertos tejemanejes, Linda se dió cuenta de que me harían la vida imposible, hasta que decidiéramos marcharnos del colegio y del país.

EL embajador francés nos lo aconsejó en varias ocasiones; el Vicario Gral  y el Arzobispo de Quito también  nos recomendaban y ayudaban para que sin mover mucho ruido lo hiciéramos. Es más le dice a Linda que debemos irnos en el plazo d una semana o máximo quince días, el presidente del AMPA, me entrega una "boleta de contracaptura" porque sabe que la Fundación quiere detenerme con una boleta de captura. Y así estuvimos más de un mes con la tensión a flor de piel. 

El embajador de Francia nos ofreció su casa, y dice :"esta situación no es rara ni extraordinaria para los que van de buena ´fe y trabajan como se pactó". Yo les ayudaré. No se preocupen.

Como a Linda no le  daban la residencia, tuvimos a disposición el coche diplomático francés para poder salir del país, no sin antes cobrar una indemnización, el salario completo, la ayuda inestimable de Clemente Argüello, presidente del AMPA y del Vicario Gral. que bendijo nuestra unión (la de Linda y yo )  después de explicarle los avatares de Linda en Francia  , y los míos en Bolivia y como nos conocimos en París.

Monseñor Jácome (vicario GRal) y Monseñor Romero (Rector del colegio) , nos dieron todas sus bendiciones y fueron los que facilitaron nuestra salida precipitada de Quito. 

Hubo manifestaciones contra nuestra salida de los padres, de los profesores (excepto dos) y de los alumnos; el colegio había cambiado: un pequeño laboratorio, una nave rehabilitada para formación técnica, unos archivos, ficheros, biblioteca y una sala para que los niños tuvieran desayuno, sobretodo un buen vaso de leche y reparto de ropa de cáritas. Todo esto último a cargo de Linda. Las madres la querían con locura y le consultaban en privado de todo.

El ambiente del colegio cambió radicalmente. Un cura que era profesor de religión y de Lengua Castellana  celebraba una vez a la semana una eucaristía en una sala que habilitamos para multiusos y un padre de familia pinto  y decoró.

Pero las cosas "nuestras "! no se arreglaban¡. En medio de una asamblea de padres entra una persona y grita "la  casa del Director está ardiendo".El presidente del AMPA nos dice : ustedes dos no salgan, esto es mentira! Salió, lo iban a detener y el se identifica y se van . La casa ni ardía ni había nadie en ella. Y a partir de ahí íbamos siempre con la "boleta de contracaptura", que nos facilitaba el presidente del Ampa.

La residencia a Linda no se la dieron  porque no accedió a los intentos del Subsecretario de AA.EE. mientras yo - ingenuo- iba a buscar un sello del estado . Ahí fue ya la definitiva. Llamé al Vic. , Mons. Jácome y le comunique nuestra decisión de irnos los dos juntos pero con una indemnición. Con el dinero en el bolsillo (5.000 dólares, en billetes pequeños)  . El embajador puso la camioneta de la embajada, con chofer y la orden al conductor de no dejarnos bajar ni al pasar la frontera con Colombia  por Ipiales. Fue el chofer quien enseñó los pasaportes sin bajar y después de más de media hora dejaron pasar el coche sin molestarnos.

Estábamos en Colombia en Ipiales, alojados en una residencia de religiosas que cuidaban el santuario de la Virgen de las Lajas que me recuerda bastante a Covadonga. Pero en vez de estar en lo alto, está en un valle frondoso. La Virgen está pintada y esculpida en la roca del altar mayor , que hace de pared  del ábside.  La guardamos en casa. Ciertamente nos protegió.

Y nos permitió iniciar la nueva aventura: EL VIAJE DE REGRESO A ESPAÑA

lunes, 21 de septiembre de 2020

CURIOSIDADES VIVIDAS EN QUITO : BUENAS Y NO TAN BUENAS

 El condominio "El Carmen" era la urbanización donde vivíamos, en  COTOCOLLAO, un barrio a las afueras de  Quito Norte.

La llegada a Quito en avión es impresionante. El aeropuerto allá abajo, al fondo, como metido con calzador entre los Andes que lo rodean.

Pasamos tres  veces rozando las casas y una guardería que había junto al mismo aeropuerto, sin conseguir aterrizar. A la cuarta el piloto lo consiguió.

 Linda yo yo estamos cogidos de las manos, en silencio, como siempre hacemos cuando viajamos en avión.

Y a partir de ahí a descubrir  todo lo inimaginable.

Paras poder recuperar fuerzas y conocer la tierra que pisamos, el presidente de los pp.de familia del colegio, nos dejaron una casita de madera  en San Jacinto, en la playa del inmenso Pacífico,  solamente tenía estas peculiaridades:

-No tenía agua corriente. En marea alta, que la hay y muy alta  sentías el mar rozando el suelo de madera, el viento, que sabe soplar muy bien se colaba por las rendijas . Pero lo pasamos en grande, cogiendo cangrejos en la playa para cocinarlos- si no se escapaban- ,comprando pescadito a los lugareños para hacerlo en la casita-cabaña, y por la noche bañandonos desnudos en el mar. Nos traían el agua potable cada día en botellas grandes, y unos restaurantes ya apalabrados por el Clemente Argüello el presidente del AMPA. nos dejaban las duchas y los lavabos.Al mediodía comíamoss allí. 

Lo mejor el arroz chaulafán que iba siempre complementado por las moscas correspondientes. LO pasamos  bien de verdad. Todo era libertad, 

Para llegar a San Jacinto tomamos el autobús en Quito (2.800mts hasta los 0.0mts de San  Jacinto. Al poco rato subieron varios pasajeros al techo, y además llevaban bananas para vender  junto a la playa . 

Lo mejor es que el conductor, se estaba durmiendo y Linda  me dice "nos matamos si caemos  ahí abajo". Y tenía razón porque estaba tan profundo que seguro que te morías o del golpe o de hambre.  

Encontramos la solución: desde nuestro asiento, nos deicamos a hablarle, pero como no bastaba me atreví a hacerle cosquillas cada rato que daba una cabezadita. Y llegamos enteros nosotros, las bananas y toditos los que viajabamos.

La vuelta fue muy tranquila, siempre subiendo- con bananas también para vender en Quito.

La fundación nos recomendó una empleada, muy trabajadora, aseada y lista. Más que nosotros.

A los quince días de tenerla,  faltaba, arroz¿? azucar¿?, sal¿?, algún trapo de cocina ¿? y  descubrimos que por la pared del  jardín , cuando estábamos en el colegio,ella pasaba lo que necesitaba a su hijo, pero además colocó un clavito en la ventana del salón, para mirar si llegábamos ya, apartando un poquito la cortina. Así consigu.ió llevarse una cadena de oro, de la abuela de Linda, que este día no se había puesto en el cuello.

Peor fue el profesor de CC.NN. que le hice confianza. y se llevó mi cartera que había olvidado encima la nevera. Por cierto recuperé la cartera, el dinero y los documentos, ya que lo dije en claustro de profesores, y todos sabían que él había estado en casa el día anterior. Lo devolvió todo y se autodespidió.

Mas tarde  celebramos una Kermesse y me lo pasé tan bien que Linda me escondió porque  me puse como una cuba con los ponches, las sopas de vino,  y casi sin nada de comida. Hasta que no vomité no me dejó salir. Tenía que pagar a los músicos. Y les pagué. Por la noche Linda me dice: no te pongas así otra vez que eres el Director... y no estás muy guapo, Al dia siguiente era domingo  y descansamos y nos reímos.

Y recaudamos dinerto para el laboratorio de física y química . Valió la pena, para jodienda de la Fundación.